Tras superar sus metas de matrícula con su primera sede en Las Conde, la escuela de robótica y programación de origen surcoreano, presente en 16 países, puso en marcha un plan de crecimiento basado en franquicias. La estrategia contempla aperturas graduales de nuevas sedes, apuntando a emprendedores interesados en el sector educativo y con proyecciones de rentabilidad de entre 20% y 30% anual.
Luego de un poco más de un año de funcionamiento en Chile, My Robot School comenzó una nueva etapa de crecimiento con el lanzamiento de su modelo de franquicias para todo el país. La escuela de robótica y programación, para niños y niñas desde los cinco años, busca sumar emprendedores interesados en desarrollar un negocio vinculado a la robótica educacional, con la meta de inaugurar entre tres y cuatro sedes anuales.
La compañía abrió su primera sucursal en el país en mayo de 2025, en la comuna de Las Condes. Desde entonces, la sede ha superado las expectativas iniciales, alcanzando entre 65 y 70 alumnos, cifra que prácticamente duplica la meta de 35 estudiantes que se había proyectado para el tercer mes de funcionamiento, momento en que la operación logró cubrir sus costos fijos.
Para este segundo año, la empresa espera aumentar su matrícula entre 100 y 110 alumnos en esa misma sede, y proyecta una segunda en otra comuna de la Región Metropolitana. Los cursos tienen un valor mensual que fluctúa entre $100.000 y $115.000, donde cada estudiante desarrolla un plan anual compuesto por 45 proyectos prácticos.
Inversión
El plan de expansión considera la apertura de sedes en distintas ciudades del país mediante un sistema de franquicias. Para ello, se requieren locales desde 60 metros cuadrados y una inversión cercana a los US$ 50 mil.
Constanza Zalaquett, directora de My Robot School en Chile, explica que parte de ese monto corresponde al pago del royalty de la franquicia, que oscila entre US$ 12 mil y US$ 15 mil e incluye una cantidad inicial de kits educativos. A ello se suma la habilitación del espacio con la imagen corporativa, la adquisición de computadores, equipamiento, mobiliario y el capital de trabajo necesario para iniciar la operación.
El modelo está diseñado para comenzar con una estructura acotada. Cada sede puede iniciar sus actividades con una monitora y seis estaciones de aprendizaje, atendiendo grupos de entre cuatro y seis alumnos por estación. A medida que crece la demanda, es posible ampliar gradualmente la capacidad y el equipo de trabajo.
Actualmente, la empresa ya mantiene conversaciones con potenciales franquiciados en ciudades como Viña del Mar, Rancagua, Chimbarongo y Villarrica.
Negocio orientado a emprendedores
My Robot School busca atraer inversionistas y emprendedores interesados en el ámbito educativo, sin que sea requisito contar con conocimientos previos en robótica o programación. La compañía entrega la metodología, los contenidos y los kits de aprendizaje, además de capacitar a quienes operarán cada franquicia.
La proyección es avanzar de manera gradual para asegurar el éxito de cada nueva sede. "Queremos crecer de forma orgánica. La implementación y capacitación requieren tiempo, por lo que buscamos un desarrollo sostenible tanto para la empresa como para nuestros franquiciados", señala Zalaquett.
La ejecutiva agrega que, una vez consolidada la matrícula durante el segundo año de funcionamiento, una franquicia podría alcanzar una rentabilidad anual estimada de entre 20% y 30%.
Acercar la robótica a más estudiantes
Más allá del crecimiento comercial, la empresa busca ampliar el acceso a la educación tecnológica desde los primeros años escolares. Su objetivo es que la robótica y la programación dejen de ser actividades reservadas para talleres o alumnos con alto rendimiento y pasen a formar parte del aprendizaje de un mayor número de niños y niñas.
En esa línea, los franquiciados también podrán desarrollar programas dirigidos a establecimientos educacionales de sus respectivas zonas, incorporando contenidos de robótica educativa y programación desde primero a tercero básico.
"Queremos que esta formación llegue a más estudiantes y contribuya al desarrollo de habilidades para el futuro. Además de ser un modelo de negocio atractivo, buscamos generar un impacto positivo llevando estas herramientas a comunidades que hoy tienen menos oportunidades de acceder a este tipo de educación", concluye Zalaquett.

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