La obra nace de la inquietud de reinterpretar el texto dariano desde una mirada actual, integrando elementos de la dominicanidad a un personaje de raíz europea, con el objetivo de generar una conexión más cercana y significativa con el espectador contemporáneo. En este contexto, Sueño Azul se erige como una defensa de la libre expresión, la creatividad sin ataduras y la aceptación de aquello que la sociedad suele catalogar como diferente.
A través del personaje de Garcín, la puesta en escena explora el impulso interior de vivir y crear libremente, al tiempo que visibiliza las críticas sociales hacia lo considerado “anormal”. La obra invita al público a cuestionar prejuicios, abrazar la sensibilidad y reconocer la riqueza de la diversidad humana.
Mientras la escenografía, el vestuario y la utilería remiten a la época en la que Rubén Darío escribió el texto, ciertos elementos interpretativos rompen con esa formalidad, permitiendo que actores y espectadores convivan simultáneamente con ambos tiempos. La integración de poemas del autor dentro de la obra enaltece su figura y refuerza los acontecimientos escénicos, manteniendo viva la esencia del modernismo literario.
El elenco, conformado por Angelo Reyes, Inés Fermín, Andreisy Regalado, Lesli Méndez, Odalka Abreu, Dimitri Rivera y Yiliana Del Rosario, construyó sus personajes a partir de la improvisación y el trabajo profundo de los vínculos emocionales. Este proceso permitió comprender las motivaciones internas de cada personaje y habitar con autenticidad el universo simbólico y poético de la obra.
Uno de los momentos de mayor carga emocional es la muerte del personaje de Nini, escena que reta al elenco a transmitir el dolor, la pérdida y el quiebre emocional de Garcín sin recurrir a palabras explícitas, confiando en la fuerza del gesto, el silencio y la presencia escénica.
La música original, a cargo de Kevin González, funciona como un canal emocional que acompaña cada escena sin distraer al espectador. Cada melodía está concebida a partir del accionar de los personajes y su carga dramática, destacando contrastes como la tensión asociada a la alienista/psicóloga y la dulzura que envuelve al personaje de Nini.
La producción estuvo a cargo de Genesis Pérez y Rosmery Aquino, y contó con el valioso apoyo de la Embajada de Nicaragua en la República Dominicana, respaldo fundamental para la realización del proyecto. Trabajar con un texto de Rubén Darío, figura esencial de la historia nicaragüense y Príncipe de las Letras Castellanas, representó un honor y un compromiso artístico asumido con profundo respeto y gratitud.
La presentación en la Sala Aída Bonnelly de Díaz representó no solo un privilegio, sino también una responsabilidad: la de mostrar el trabajo de una nueva generación de artistas dominicanos que continúa abriéndose camino en las artes escénicas.
2 Comentarios
❤️
ResponderEliminarRosmery Aquino, la mejor.
ResponderEliminarNo hay duda.