By Jorge Casado
Me sorprendió la tarde al subir a la azotea.
Buscaba ver desde lo alto cómo transcurria Gazcue en su espacio de ciudad.
También procuré ver el infinito del Mar Caribe, cobijado de un ténue azul que se ponía gris y filtraba rojizos en un lienzo de nubes que también lo he visto pintado de estrellas y luna.
En ese trance las bullosas cotorras dibujaban sus siluetas, al mirar al cielo, sólo con la lntensión de irse a dormir.
Asi lo hacía el sol, al sumergirse entre edificios que ocultaban a dónde podria ir a pasar la noche.
En su despedida también encantó a miles de dominicanos que lo reverenciaban con atención sin perderle la vista
Y como dije anteriormente, me sorprendió la tarde al subir a la azotea,
Gratuítamente el espectáculo Divino de luces y colores del atardecer, parecia transformarse, entre nubes, en personajes y paisajes celestiales, que sólo provocaban pensamientos de agradecimiento al Creador, que después de la vida que nos dio, llenó ésta República Dominicana, con bondades naturales, que bien vistas son bendiciones.


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