By Pedro Morales
El huerto o jardín del edén, es el lugar donde Dios puso a su obra cumbre: el hombre (Adán). Y le puso la compañía perfecta: su esposa (Eva). Eran felices. Dios hablaba siempre con ellos. En sus corazones no había otra cosa que no fuera adorar al creador y disfrutar de todo lo hermoso y bueno que Èl había puesto a su alcance, con la única advertencia de que no debían comer del árbol de la ciencia del bien y del mal; porque el día que de èl comiereis, ciertamente morirás. (gen. 2:17).
Dios dotó al hombre un libre albedrío: la capacidad de escoger y decidir por si mismo.
Ellos eligieron desobeder. Ahí fue cuando la historia cambio completamente.
Edén era la presencia de Dios. Él los expulsó de ese lugar, de su presencia. Eso significó para ellos perder todos los privilegios; y lo mas triste es que llevaban a cuestas una sentencia irrevocable de muerte, completamente apartados de su hacedor.
Eso no estaba en el guión de Dios. por demás ellos podían evitarlo.
Si se imaginaran tan solo la desgracia que traería a sus vidas y al mundo esa desobediencia, probablemente lo hubiesen pensado mil veces y no lo harían.
Pero no vamos a condenarlos ahora por su error, que todavía nos esta costando tanto, pues seguimos estando en la misma posición, y comoquiera encojemos desobedecer a Dios antes que agradarle. Rechazamos la vida, que es cristo, porque preferimos lo prohibido, el placer, olvidándonos de la sentencia de una muerte eterna que esto trae consigo.
Hoy les hago un llamada: volvamos al edén.
Cristo está dispuesto a reconciliarte con el padre. Sólo debes reconocer tus pecados, arrepentirte y convertirte a El; así seras hijo de Dios, heredero de todo lo bueno que Èl tiene para los que le aman y le buscan, y una vida eterna después de la muerte.
Ojalà te decidas y que no sea muy tarde.
¡Que Dios te bendiga!

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