Feria del Libro 2019: más luces que sombras.

By Milciades Ventura Lembert

Hace apenas unos pocos días, que concluyó el más grande evento dedicado a la promoción de la lectura en la Replica dominicana: La Feria Internacional del libro 2019, en su edición número 22, efectuada en la ciudad colonial.

Confieso que en principio, como gestor cultural y activo participante de la feria en repetidos años, tenía mis reservas respecto a la movilización de lugar, de este acostumbrado encuentro; entendía que la plaza de la cultura mostraba un escenario más acogedor, con territorio delimitado y que contaba con espacios insustituibles, como lo son el Museo del Hombre, Museo de Arte Moderno, Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña e incluso el Teatro Nacional.

Además de todo esto, me preocupaba el tema “transporte”, puesto que la Avenida Máximo Gomez (donde está ubicada la plaza de la cultura), tiene la ventaja de situarse en la ruta de la línea 1, del Metro de Santo Domingo, y facilita la visita del público de la ciudad, por lo cómodo y económico que resulta; además en comparación con el nuevo lugar, se produciría menos congestionamiento vehicular.

En el día de inicio, de esta reciente edición, al ver los stands y espacios de la Feria del Libro, entre los ladrillos y rocas de la Ciudad Colonial (rica en historia y cultura), quedé totalmente deslumbrado y encantado, por como lucía todo. En ese momento mi pensamiento se sincronizó con el Ministro de Cultura, Arq. Eduardo Selman, quién desde ya, anuncia la realización de este evento para el próximo año en el mismo lugar.

En esta ocasión, pude observar stands menos lujosos (por lo tanto presumo que además menos costosos), en comparación con años anteriores, un programa de actividades rico, con más de seiscientas actividades enfocadas en la promoción del libro y la lectura, se veía un alto flujo de visitantes de los cuales hubo un gran porcentaje juvenil; incluso en las calles de la Zona Colonial, veía personas de todo tipo, saboreando más libros que comida.

Mejor elección de las personas reconocidas en el marco de la FIL, no pudo haber, podemos resaltar el caso del destacado dramaturgo Reynaldo Disla, la escritora de literatura infantil Leibi Ng, el historiador José Chez Checo, entre otros importantes actores de la literatura y la cultura en general. 

Después de la puesta en conocimiento de tantas luces, que evidencian una gran coordinación general y acompañamiento de personas comprometidas con que todo resulte impecable, pareciera que no hay ninguna sombra que empañe, mas no es así. Este año tuvimos como país invitado de honor a Puerto Rico, y confieso que quede con deseo de ver más de su literatura y su gente, hubo muy poca presencia de los habitantes de nuestra isla hermana.

Además, fui testigo de quejas y disgustos por parte de muchos panelistas, de todos los niveles: gestores culturales, escritores, promotores de lectoescritura, incluso personalidades de alto renombre, por los incentivos mínimos que le serían otorgados por sus participaciones (muy reducidos comparativamente a ferias pasadas).

En el deseo de cubrir la mayor cantidad de terreno de la Ciudad Colonial, más que un punto a favor, constituyó el efecto contrario, puesto que hubo dispersión de los espacios y muy pocos centros de información, esto pudo afectar negativamente la intención de los visitantes, de pasearse por todos los stands de la FIL.

Indiscutiblemente, gozamos de una Feria del Libro histórica y de participación masiva. Este contraste de opiniones, nos ayuda a definir la ruta a seguir en la posterioridad y así alcanzar la optimización del evento más importante y esperado de la República Dominicana.

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